
Y tiemblo como cada una de esas
cuerdas porque siento que la melodía me hará descender de nuevo al infierno,
pagando voluntariamente a Caronte para que me lleve hasta las profundidades más
oscuras.
Y mientras, en otras profundidades –las
mías propias–, una voz susurra, susurra, susurra… Una voz que me dice que en
verdad yo siempre quise quemarme en el fuego del infierno.
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